Leyendas Urbanas
En cierta ocasión me contó una amiga que a Ana, una amiga suya que vivía en uno de esos adosados con jardín, le pidió una vecina que le regase las plantas durante un par de días, pues tenía que salir de viaje.Ana accedió sin ningún problema pues si de algo disponía era de tiempo libre y al día siguiente, cuando empezó a caer el sol, se dirigió al jardín de su vecina acompañada de Bob, un pastor alemán que desde que se lo regaló su marido no se separaba de ella.
Una vez que Ana terminó de regar las plantas de su vecina, enrolló la manguera y comenzó a llamar a Bob para volver a su casa, pero cual sería su sorpresa cuando vió que su perro no volvía solo. Algo traía entre sus fauces: al principio no supo de que se trataba, pero cuando se acercó a él para quitárselo de la boca, descubrió horrorizada que se trataba de Missy, la gatita de su vecina, a la que su Bob había dejado tiesa.
Ana se puso muy nerviosa pues sabía lo mucho que su vecina adoraba a su gatito, y cuando volviese y se enterase de que había sido degollado por un perro, todas las culpas iban a recaer sobre ella pues era la única persona que tenía las llaves de su casa. Entonces, tras detenerse a pensar unos minutos, cogió con delicadeza a Missy, la bañó eliminando cualquier rastro de sangre y de polvo que tenía el animalito y lo deposito sobre la cama de su vecina con todo el cariño del mundo, intentando disimularle las heridas para que pareciese que el gatito había muerto de un infarto mientras dormía plácidamente.
A la mañana siguiente oyó como el coche de su amiga aparcaba frente a la puerta de su adosado y escuchó como su vecina salía de él y se metía en su casa… Y entonces oyó un grito. Pero no esa clase de grito producido por la pena y que acto seguido se transforma en llanto, sino un grito de terror. Ana salió apresurada de su casa para tratar de consolarla, y cuando entró en su habitación –pues había dejado la puerta abierta- ésta se echó en sus brazos, horrorizada, tratando de explicar lo que había ocurrido. Al parecer, Missy había muerto un par de días antes de que ella saliese de viaje y lo había dejado enterrado en el jardín de su casa… Y ahora allí estaba, tendido sobre la cama como si nada le hubiera pasado!
Esta, como otras muchas, es la típica leyenda urbana que suele circular por todas partes y que siempre le ha pasado a alguien que conoce un amigo nuestro. Supongo que más de uno la conocería... al menos Mal y Uno si, pues el domingo pasado salió está y alguna otra mientras charlábamos en casa de un amigo.
¿Sabéis alguna que se pueda contar en unas líneas y que os haya hecho reír como a mi ésta? Si os apetece podéis ponerla en los comments u opinar sobre las leyendas urbanas en general y la gente que se las inventa. El temita tiene miga…





