
El año pasado dejó de editarse “Dance de Luxe”, el suplemento anual que RDL dedicaba a la música electrónica porque, según ellos, este estilo estaba dando tales muestras de agotamiento que la publicación de una revista dedicada a este género carecía de sentido… ¡Dios mío! Si no fuera porque semana tras semana continúan saliendo joyas dentro de este estilo (y que aunque no llegan a la redacción de RDL si lo hacen a otras revistas como Go), me sentiría más incomprendido que un fan de Rosa León. Y es que uno, independientemente de las modas, nunca se ha decantado ni por la vertiente del pop ni por la del rock, sino por la electrónica. No tengo más que echar la vista atrás para comprobar que fueron las maquinitas y no las guitarras las que marcaron las diferentes etapas musicales de mi vida, que podría resumir en 4:
Etapa 1 o Etapa Cassette
Así denominada porque al carecer de plato y disponer únicamente de un radiocasete (mono, para mas señas) la música que escuchaba la compraba únicamente en este soporte, si es que no la grababa de la radio directamente.
Comenzó a la tierna edad de los 13-14 años, en una época donde los lanzamientos discográficos eran estigmatizados con una etiqueta donde se especificaba si pertenecían al género denominado Tecno Pop o a su rival más feroz, el Heavy Metal. Grupos como Visage, The Human League, OMD o Yazzoo (a nivel internacional) o Mecano, Video, Azul y Negro o Betty Trouppe (en su versión española) empezaron a acumularse en mis estanterías, por lo que ya desde muy joven empezarían a quedar más que definidos mis gustos musicales. Era una época en la que apenas salía por bares o discotecas y la radio era el único lugar donde escuchaba este tipo de música.
Etapa 2 o Etapa Vinilo
En esta segunda etapa se dan dos circunstancias importantes. Por un lado mi padre me compra una cadena de música con plato incorporado, con lo que definitivamente dije adiós a las cassettes. Por otro, el synth-pop comienza a dar muestras de estancamiento, y mi curiosidad e inquietud, propias de cualquier joven de aquella época, me hace buscar otros referentes musicales con los que identificarme.
Esto dio lugar a los años más kistch musicalmente hablando de mi adolescencia, en los que junto a artistas o grupos de los que sigo siendo fan hoy en día como Madonna, PSB, Prince o el David Bowie de Let’s Dance, se fueron acumulando en mi discoteca todas las producciones de Stock, Aiken & Waterman, personajes como Sting, Latina Turner, INXS o Terence Trent D’arby. ¿Por qué? Vaya usted a saber: Podríamos culpar a las compañías que frecuentaba en el colegio o a las primeras discotecas de AZCA y alrededores. El caso es que esta etapa duró hasta los 22-23 años y su final coincidió con un nuevo cambio de soporte musical.
Etapa 3 o Etapa Cedé
Esta tercera etapa también viene marcada por dos hechos importantes. El primero es la adquisición, con mi primer sueldo, de una nueva cadena, que incluía lector de CD. Y el segundo, con el descubrimiento de un grupo que de la noche a la mañana se encargó de mandar al garete todo lo que había venido oyendo hasta el momento: Massive Attack.
Pero los de Bristol no vinieron solos, sino que se trajeron a Portishead, Tricky y otros grupos que bajo la etiqueta del Trip-Hop, pusieron patas arriba el panorama musical tal y como yo lo conocía. Estamos en la época dorada de la electrónica y otros estilos comienzan a crecer como setas en mi torre de CDs, como el Jungle (con Goldie a la cabeza y con un disco, Timeless, que se merece un post en condiciones para él solito), el Hip-Hop Abstracto (y el inconmensurable Endtroducing de DJ Shadow) o en menor medida, el Acid Jazz (donde destacaron James Taylor Quartet o The Brand New Heavies). Al mismo tiempo empecé a frecuentar clubs como Bali-Hai o Katmandhú, donde por primera vez en mi vida me sentí plenamente integrado, no sólo por la gente sino por la música que allí ponían. Pero aunque los estilos que he mencionado son mis favoritos, fue el House el que realmente brilló a nivel popular, debido a su ritmo 4x4 (tan agradecido a la hora de bailar), su hedonismo y las buenas migas que hizo con determinadas sustancias que hacían furor en las discotecas. Evidentemente yo no pude escapar a él y durante algunos años, decenas de recopilatorios de una calidad cada vez más ínfima empezaron a hacerse un hueco importante en mi discoteca, pero poco a poco la fiebre fue remitiendo y esta tercera etapa dio paso a la actual.
Etapa 4 o Etapa Mp3
Esta última etapa vuelve a coincidir con un cambio de soporte, y es la más heterogénea (musicalmente hablando) de cuantas he vivido. El resurgimiento de estilos musicales que durante años habían estado condenados al ostracismo, hace que la música electrónica pase a un segundo plano no porque su calidad sea inferior, sino por la fuerza con que grupos como The Strokes y similares irrumpen en el panorama musical. La inesperada aceptación popular de estos nuevos guitarreros hizo que la electrónica, lejos de dormirse en los laureles, se las ingeniase para crear nuevos estilos, como los Clicks & Cuts (con Luomo como estandarte), el Drill & Bass (popularizado por Aphex Twin), la Indietronica de discográficas como Morr Music o el Punk-Funk de DFA. También se comenzó a bucear en el pasado, recuperando los sonidos del Synth-Pop que dieron pie a estilos como el Electro-clash (convertido más tarde en Electro a secas).
Las joyas que han ido surgiendo desde entonces son incontables, pese a la ceguera del RDL, y a pesar de ser la etapa en la que más infiel he sido a mi género favorito (por mis constantes coqueteos con las guitarras), es el que mas sorpresas me ha seguido reportando.